Nocera Inferiore, ciudad de los barras bravas

Pubblicato: 6 febbraio 2014 in Español, Fútbol, Italia
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 Después del polémico partido farsa de hace 3 meses atrás, Nocerina no tiene más el apoyo de sus hinchas. Viaje dentro de la ciudad de la cual todos están enfermos por el fútbol y ahora disertan en el estadio.

Nocerina barras bravas

foto Repubblica.it

Se sienten muertos, dicen que acaban de celebrar el velorio de ellos mismo. No tienen más un equipo, pues no tienen nada más. Después de pasar tres días en este lugar, entendimos que ganar o perder aquí no cuenta. El fútbol importa y no importa.

 Sería demasiado fácil escribir que todos, todos aquellos diez mil o quince mil hombres, viejos, chicos, niños, abuelos, nietos, cuñados, primos, padres, hijos, pasteleros, obreros, políticos locales, horneros, choferes, abogados, médicos, desempleados, empresarios, inocentes y reincidentes nos parecieron -todos- completamente locos. Mejor hacerlos confesar a ellos mismos, quienes son y como están de cabeza ahora.

Nocerina barras bravas“Estamos enfermos, muy enfermos, incurables” reconoce Salvatore Bove, dueño del Bar dello Stadio, en una ciudad que no sólo tiene un estadio, sino que toda es un estadio. ¿Salvatore, que es tu equipo para ti? “Sangre, mi equipo es mi sangre, son mis glóbulos rojos”.

¿Dónde nos encontraríamos, si subimos encima de un cerro que una parte tiene como vista el Vesuvio y la otra la costa Amalfitana que se extiende entre la niebla? Terminamos en Nocera Inferiore.

“Inferior por su culpa”, se decía en la película de Ettore Scola C’eravamo tanto amati, dirigida a los poderosos de esta capital campana, acordando su pasado glorioso: ya tenía su moneda cuando la odiada capital de provincia Salerno era todavía una aldea marinera desconocida por los mapas.

Intentemos descubrir a Nocera Inferiore –y no sólo por culpa de ellos- empezando por su forma edilicia algo grosera, edificios, pequeños castillos, torres, mirlos, el cemento de constructores amigos de la camorra, una extensión gris que de vez en cuando está cortada por cuarteles borbónicos, algunas fincas liberty, iglesias y conventos signos del pasado distinto de una comunidad que hoy ha sido arrastrada por la vergüenza del fútbol.

Ahí está dos meses después, la ciudad deportiva de la farsa, desde minuto ’21 del primer tiempo del partido con la Salernitana el domingo 10 de noviembre 2013.

Tres cambios fingidos y cinco lesionados impuestos por “la ley de la barra”, los ultras de la Associazione Sportiva Giovanile Nocerina fundada el 10 de febrero del 1910 y su máximo resultado deportivo fue llegar tres veces a la serie B. La misma que llegó a tener siete mil hinchas registrados para una tarjeta identificativa impulsada por el ministerio del interior, en proporción Roma, por ejemplo, tendría que tener por lo menos un millón de registrados. La banda podría contar con más de doscientos “peleadores” muy violentos siempre fiel a su séquito, el rojo y el negro como colores y por símbolo un moloso, el perro de guerra que Carlos V de España soltaba contra las tropas enemigas.

Forza Molossi y Forza Nocerina, última en la tabla de la Tercera División del grupo B, una cancha intitulada a San Francisco de Asís y el presidente Giovanni Citarella que es un “típico producto local” -como los “babà” en Napoli y los “sfincioni” en Palermo- con un gancho adentro de la criminalidad local a 23 quilates de los años Noventa y en intimidad también con la más modesta de estos tiempos. Citarella hace siempre su cemento pero no tiene más a su lado los grupos de barras de Nocera.

“Este club no merece esta ciudad”, decreta el afiche que está colgado a la entrada del estadio donde desde aquella tarde del 10 de noviembre no va más nadie. Es deserción total. También los más fanáticos se quedan en casa, también los que iban de visitante en las canchas de tierra cuando se jugaba en la liga amateur. Fin de un amor impetuoso. Y todo por aquella entrada de los jugadores al estadio Arechi de Salerno, pibes de 18 o 19 años, que no tendrían que haber tocado nunca la pelota por “solidaridad” con ellos, los tifosi a los que fue prohibido ir al partido por el clásico con la Salernitana considerado de alto riesgo. A Nocera lo esperaban desde 28 años. “Si juegan los matamos”, habían amenazado antes del encuentro.

Nocerina barras bravasLos futbolistas entraron en la cancha con la camiseta que tenía escrito “Respeto por Nocera”, pero luego -por miedo o por otra razón, habían actuado la peor farsa de su vida. En 21 minutos fingieron lesiones cinco jugadores y, al haber agotados los cambios, el equipo quedó en seis y el árbitro tuvo que pitar el final. La barra exultó por la derrota, la barra ganó.

Honor y deshonor de Nocera y del equipo. Las polémicas, las lágrimas, los ataques, el conformismo de siempre y las declaraciones iguales de los dirigentes de la federación italiana que fingen de no tener idea de lo que sucede un domingo de fútbol. Y luego la verdad que se deforma.

¿Hinchas y club estaban de acuerdo? ¿El club descargó todo sobre los hinchas o fue involucrada? ¿Algunos hicieron el doble juego?

Hoy nadie quiere hablar, ni los futbolistas y ni el entrenador. Habla solamente Gigi Pavese, el gerente deportivo: “Además de la lesión física, existe también la psicológica, con mis ojos vi a hinchas que hacían el gesto de querer cortar la garganta a los jugadores”. Cara de simpático canalla, Pavarese deslizó en un escándalo de 2010. Como hombre de confianza de Luciano Moggi lo sorprendieron en ofrecer “señoritas” a los árbitros. ¿Una lesión psicológica? Pero aquello era solamente una cuestión italiana. La vuelta por el mundo la hizo en cambio una publicidad de la Coca Cola después del partido con la Salernitana. Un futbolista con el uniforme rojo y negro -como la Nocerina- que finge de lesionarse mientras patea la pelota. Sale de la cancha y celebra con anticipación la Navidad.

Nocerina barras bravas

Circulo Las Vegas, así se llama el club de hinchas más extremista. Dice Stefano Verticale: “Mataron nuestra historia”. Está todo vestido de rojo y negro. Ahora quiere borrar el rojo de su boliche y dejar solamente el negro. Le contesta Ubaldo Rea: “Stefano, la historia no se mata”. Ubaldo, pintor de paredes, es pariente de Domenico Rea, escritor napolitano que aquí está enterrado y ambientó su hermosa novela “Ninfa Plebea”. Stefano y Ubaldo están de luto. Hasta que estará esa dirección del club, los hinchas no irán más a los partidos. Sufrirán las penas del infierno pero quieren afuera a Citarella, que alguien indica como “arrepentido” por haber cedido antes, por haber hecho marcha atrás después. No es un cumplido por estas tierras. Quién sabe cómo fueron verdaderamente las cosas aquel día. Lo ignora también el intendente Manlio Torquato, uno de derecha que como vice tiene a una de izquierda, que ama a su ciudad e intenta empujar afuera los amigos de los clanes de camorra que estaban acostumbrados a mandar en la Intendencia. El intendente, que jamás tuvo el apoyo de los ultras en sus campañas electorales, defiende el buen nombre de 45 mil habitantes: “Nuestra hinchada no es violenta sino apasionada, pagamos el prejuicio de ser del Sur. Y yo me rebelo: es una vergüenza”.

Bar dello Stadio, bar dello Sport, circulo Las Vegas. Es un solo gran volcán. Se enojan con Prandelli (“quien amenaza no es ultra, sino un delincuente”) y Letta (“Tolerancia zero”), ¿sin embargo, que hubiera dicho el dt de la Selección y el primer ministro frente a la tragedia deportiva del 10 de noviembre o después de los enfrentamientos violentos del 30 de agosto por las calles de Nocera ante del partido contra Perugia? Quince jóvenes detenidos, una cámara que les graba mientras que destruyen todo, tres fueron ya investigados incluso por las amenazas a los jugadores de Nocerina. Y entre ellos habría estado también Guido Carzillo, si no lo hubieran asesinado abajo de su casa a mitad del mes de octubre. Era un pibe, aparentemente tranquilo.

Nocerina barras bravasLa anarquía del aliento no escucha razones. Salvatore Bove baja a la bodega y vuelve con su archivo. Copas, viejos diarios (“Gracias palo”, titula el Trottolino Rossonero despuès de un empate en casa), crónicas del partido de Copa Italia con la Juve en el ’96, la foto del futbolista más querido de siempre a Nocera, Andrea Pallanch. Se confiesa otro hincha: “Tengo un antecedente judicial para haber asaltado una familia y robado su auto después del partido con Savoia: estoy contento, yo por Nocerina haría todo”. Uno de los muchos casos que le habría gustado al profesor Marco Levi Bianchini, psiquiatra que entre las dos guerras tradujo al italiano algunas obras de Freud y que a Nocera llegó a ser director del manicomio. Hablan todo el día de fútbol pero luego el estadio está siempre vacío. Una revuelta doliente. Vivir sin fútbol es un vivir sin vivir para Nocera. Sobre todo para aquella fracción feroz que tiraniza a los otros.

“Conocemos la peligrosidad de ciertos personajes”, explica el jefe de la Comisaría de Salerno Antonio De Iesu que firmó 72 Daspo (prohibición de acceso a lugares donde se llevan adelante competiciones deportivas). Uno también para Pino Alfano, que estaba en el concejo municipal y tenía la delegación al Deporte.

Dejamos el centro de la ciudad donde flamean aún las banderas del último ascenso y bajamos otra vez hacia el estadio, enhebrándonos en las callecitas del barrio Grotte. Abajo de nuestros pies están los restos de un anfiteatro romano. Fue ampliado después de los furibundos enfrentamientos a Pompeya -en el 59 DC- entre los habitantes del lugar y los nocerinos después de un espectáculo de gladiadores contado por Tacito en los “Annales”. Hasta el día de hoy, los nocerinos nombran aquel precedente reivindicando su supremacía frente a la otra hinchada. En realidad, los hechos se desarrollaron de otro modo. Después de aquella pelea, con muertos y heridos, el emperador Nerón llevó el acontecimiento al Senado que deliberó la “inhabilitación” del anfiteatro de Pompeya por diez años. Así decidieron ampliar el anfiteatro de Nocera, que llegó a ser el más grande de toda la región Campania. Aunque los nocerinos prefieren acordar lo contrario, a Pompeya fueron derrotados. Forza Molossi.

El Consejo Federal de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) expulsó a Nocerina de la Tercera División y la multó de 10mil euros por “responsabilidad objetiva”. Fueron sancionados 10 personas entre dirigentes y futbolistas.

Traducción Attilio Bolzoni – La Repubblica 10/01/2014

Video La città degli ultrà, videoreportage da Nocera – Repubblica.it

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