Un modelo ideal de democracia: el principio deliberativo de Habermas

Pubblicato: 4 ottobre 2013 in Español, Universidad
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Introducción

Jurgen Habermas es el creador de la teoría de la acción comunicativa y de numerosos escritos de filosofía política. En este trabajo se analiza el pensamiento de Habermas acerca del concepto de democracia que desarrolló en sus obras, especialmente en Facticidad y Validez.

Democracia deliberativa Habermas

El libro, muy relevante en la teoría del derecho, ofrece en su parte más original un difícil intento de reconstrucción del modelo teórico, logrando de esta forma un intenso debate filosófico, jurídico y, sobre todo, político.

La síntesis que propone el autor es un profundo análisis entre la concepción liberal y republicana (o comunitarista) de democracia. Habermas llega a proponer su modelo de democracia, conocida con el nombre de deliberativa, ofreciendo una visión donde es fuerte la confianza en el derecho: el instrumento jurídico se observa un elemento de mediación de fundamental importancia para una sociedad siempre más aún compleja.

El derecho moderno de hoy no trae más su fuerza normativa que el derecho natural, de la religión o de la moral, sino de un procedimiento legislativo basado en el principio de la soberanía popular.

Se puede observar como es fuerte la relación entre derecho y democracia; los autores clásicos (sobre todo Rousseau y Kant) ya vieron solamente una parte del problema.

Habermas, que en su discurso es fundamental la soberanía, es interesado a analizar profundamente el procedimiento legislativo, un proceso que se diferencia por formas de argumentaciones y que puede incluir también negociaciones entre las partes.

La facticidad y la validez indican una tensión <<entre la auto-comprensión normativa del Estado de derecho, explicada en términos de teoría del discurso, y la facticidad social de los procesos políticos>>.[1]

A través del concepto de “poder comunicativo” entre los ciudadanos, la “tercera vía” de Habermas valora el momento de decisión de la soberanía popular. O sea el momento fundamental para cualquier democracia, el cómo se delibera.

Antes de entrar en la discusión normativa de democracia, Jurgen Habermas diferencia tres tipos de poder: social, político y administrativo. Poder social, indica como intereses superiores pueden imponerse de forma más o menos racional. El poder político es casi una forma abstraída de poder social, es articulada de forma estable y permite intervenciones sobre el tercer elemento, el poder administrativo, o sea los cargos distribuidos que están organizados según jerarquías de competencia.

Las sociedades modernas para alcanzar la cohesión necesitan de un equilibrio entre el poder económico y el administrativo, pero también de otro importante elemento: la solidaridad (la cual se puede desarrollar a través de los espacios públicos autónomos y diferentes).

El modelo liberal y el republicano

Democracia deliberativa Habermas

Habermas reflexiona acerca de los modelos de democracia empezando por analizar dos concepciones: la liberal y la republicana.

El trabajo del autor alemán pone énfasis en diferenciar los dos modelos a través de tres conceptos: la ciudadanía, el derecho y la naturaleza del proceso político.

La doctrina liberal asigna al Estado la tarea de programar el interés de la sociedad (esta última es considerada como un sistema en movimiento entre personas y sus trabajo en una economía de mercado). Por Estado se entiende al aparato que es la administración pública y la política tiene el papel de mediación entre los distintos intereses privados.

Para el republicanismo en cambio, la política va más allá de la simple mediación: es el elemento constitutivo del proceso social en conjunto. El Estado debe tener como su principal objetivo la reglamentación jurídica entre el poder administrativo y el mercado.

Ciudadanía, derecho y proceso político

Según los liberales el concepto de ciudadano es definido por los derechos subjetivos que ellos mismos tienen frente al Estado y a los demás ciudadanos. Cada uno puede perseguir sus intereses privados con la protección del estado dentro de los límites establecidos por la ley.

Además los intereses privados pueden agregarse con otros hasta formar una voluntad política.

Para los republicanos, en cambio, los derechos que tienen los ciudadanos se preocupan por garantizar la participación en una práctica común y no la libertad de coacciones externas.

Se puede observar como las libertades garantizadas en el primer caso son positivas y en el segundo  negativas.

El concepto de derecho también se ve afectado por esta discusión entre liberales y republicanos.

La doctrina liberal considera que el orden jurídico debe ser examinado a partir de los derechos subjetivos, los cuales son asignados según las diferentes particularidades de cada individuo.

En cambio, el orden jurídico es objetivo en la doctrina republicana y garantiza la integridad de una convivencia en la sociedad; aquí, pues, lo que realmente es importante es la legitimidad de la ley que se obtiene del procedimiento democrático de la génesis de esa ley.

La tercera diferenciación que Habermas analiza entre liberales y republicanos es la naturaleza del proceso político. En el primer caso la política es concebida como luchas para asumir cargos de poder administrativo, los actores de ese proceso (los partidos políticos) compiten entre ellos según una acción estratégica para acceder o mantener el poder. La voluntad política de los ciudadanos se forma a través el voto, donde tienen la posibilidad de expresar sus preferencias. Se trata de algo similar a los procesos de mercado en el sistema económico.

La concepción republicana ofrece un paradigma orientado al entendimiento. La voluntad política de los ciudadanos se forma en el espacio público y en el Parlamento y no obedece a lógicas mercantilistas sino que tiene sus propias estructuras específicas. La naturaleza específica de los discursos políticos hace si que los partidos se sometan a las prácticas deliberativas.

La política deliberativa de Habermas

Democracia deliberativa HabermasAntes de entrar en la discusión normativa de democracia, Jurgen Habermas diferencia tres tipos de poder: social, político y administrativo. Poder social indica como los intereses superiores pueden imponerse de forma más o menos racional. El poder político es casi una forma abstraída de poder social, es articulada de forma estable y permite intervenciones sobre el tercer elemento, el poder administrativo, o sea, los cargos distribuidos que están organizados según jerarquías de competencia.

Las sociedades modernas para alcanzar la cohesión necesitan de un equilibrio entre el poder económico y el administrativo, pero también de otro importante elemento: la solidaridad (la cual se puede desarrollar a través de espacios públicos autónomos y diferentes).

La democracia que propone el autor es una tercera vía entre las dos concepciones mencionadas, la liberal y la republicana. Más precisamente se trata de un republicanismo peculiar, con sus propias características.

Habermas crítica los liberales porque desestiman el momento de la formación de la voluntad democrática por parte de los ciudadanos: no se puede limitar a legitimar las decisiones institucionales solo a través de la elección electoral.

Entre los republicanos ese momento está presente pero es concebido de una manera no compartible para el autor: el proceso de auto-clarificación y auto-determinación está separado de una noción de sujeto colectivo demasiado concretista. Para Habermas el ciudadano no se puede gobernar por sí mismo porque cada sujeto tiene que ser entendido como una red anónima de eventos comunicativos que abarca las decisiones institucionales pero también la esfera pública.

La esfera pública

El concepto de esfera pública merece ser clarificado y ampliado: incluye los discursos institucionalizados del sistema político, las opiniones publicadas en los medios de comunicación y también el nivel de comunicación de la sociedad civil.

La esfera pública es amplia, inclusiva, espontánea y plural: tiene el rol de actuar como mediador entre el sistema político y la sociedad civil. Sin embargo, Habermas no excluye la complejidad de las sociedades modernas globalizadas, donde se encuentra pluralismo y libertad pero al mismo tiempo desigualdad. Lo que es necesario es una reconstrucción cooperativa de lo que realmente le interesa al autor: la soberanía popular.

La esfera pública es una red abierta que incluye sub-esferas que se sobreponen entre ellas sin claros confines (aunque son marcadas por un tema central: arte, religión, instrucción, ciencia, cine entre otros).

No hay procedimientos que reglamentan las corrientes comunicativas de la esfera pública, es espontánea: ni siquiera puede ser organizada administrativamente por parte de quien detiene el poder.

Es justo por esta concepción de espacio público que se pueden identificar los problemas en la sociedad que merecen de atención por parte de las instituciones.

Los foros públicos independientes constituyen la base de la soberanía popular; los resultados del ejercicio de la razón pública vienen traducidos, a través procedimientos decisionales legalmente institucionalizados, en el poder administrativo del estado

¿Cómo se lleva adelante una política deliberativa?

Joshua Cohen analizó ésta política como <<procedimiento ideal de deliberación y toma de decisiones, que ha de reflejarse en lo posible en las instituciones sociales>>.[2]

No obstante existen unas diferencias con este autor, Habermas lista los postulados del procedimiento deliberativo que afecta a una comunidad jurídica unida por el vínculo lingüístico.

La base de las deliberaciones es la forma argumentativa, con el intercambio de informaciones y propuestas que son sometidos a críticas por los participantes.

Democracia deliberativa HabermasEl acceso y las oportunidades tienen que ser iguales y sin ninguna discriminación para todas las personas soberanas y exentas de coerciones externas. Al mismo tiempo se garantizan las mismas oportunidades en proponer, evitando coerciones internas.

Seguidamente se agregan otros principios acerca del carácter político de las deliberaciones.

Un acuerdo racionalmente motivado es el objetivo de cada debate, es posible también que esos acuerdos puedan ser retomados y discutidos otras veces en futuro: en cualquier momento es siempre necesario una mayoría para poder deliberar. Cualquiera materia que pueda ser regulada y afecta a una comunidad puede ser sometida a una deliberación, tratando los intereses de todos por iguales.

El autor alemán critica a Cohen por no profundizar en su análisis sobre una sociedad constituida políticamente en términos deliberativos. Además falta una consideración <<entre las deliberaciones orientadas a las decisiones que vienen reguladas por procedimientos democráticos, y los procesos informales de formación de la opinión en el espacio público-político>>.[3]

Diferencias con otros autores

En Facticidad y Validez Habermas analiza teorías políticas de otros autores, entre ellos la de Werner Becker, el cual elaboró una importante teoría empirista de la democracia.

Para Becker el principal objetivo del estado es el mantenimiento del statu-quo y goza de legitimidad solamente cuando  logra imponer voluntades y mantener el orden independientemente de la opinión de los ciudadanos. En un segundo momento Becker introduce el concepto de democracia valiéndose de las reglas del juego en las elecciones políticas, la igualdad de voto y la competencia entre los partidos. Esta teoría, en la crítica de Habermas, pretende demostrar que los participantes tienen buenas razones para atenerse a las reglas del juego establecidas. Lo que falta es una justificación normativa. Además Becker es criticado por el hecho de no explicar cómo la minoría puede ser protegida del peligro de la tiranía (por la mayoría).

En el debate filosófico-político se generaron muchos análisis acerca de las diferencias entre Jurgen Habermas y John Rawls. La concepción republicana de Habermas parte por intuiciones diferentes respecto a Rawls. Este filósofo no ve a las personas como autónomas respecto a las instituciones y sociedad de las cuales pertenecen. Habermas considera que un individuo llega a una maduración y, a través del filtro de las organizaciones entra a formar parte de una comunidad de libres e iguales (o por lo menos así tendría que ser). El procedimiento democrático, guiado por las leyes, se cumple a través el uso público de la razón en la elaboración de proyectos para afirmar la justicia, la libertad y la igualdad.

Se puede encontrar una segunda diferencia respecto a Rawls. En el pensamiento del filósofo estadounidense los sujetos pueden acordarse para tutelar la justicia y la igualdad.

Democracia deliberativa HabermasEn cambio, para Habermas, una persona moral no tiene sólo una dimensión privada (que lo lleva a tutelar sus propios intereses), sino que posee también una dimensión pública que desea el bien de toda la colectividad. Habermas crítica a John Rawls por que este desequilibrio hacia el deseo de libertad de arbitrio de las personas privadas, llega a representar los derechos come escudos protectores que tutelan la autonomía privada. Estaría puesta al márgen la autonomía pública, la cual parece ser solamente un medio para hacer valiosa la iniciativa privada.

En fin, es presente en la democracia “habermasiana” el importante concepto de inclusión social. Los individuos menos aventajados tienen la posibilidad de integrarse en la sociedad: para que sea posible esto hay que proteger la autonomía pública (como creen los republicanos) y también la privada (como creen los liberales).

Conclusiones

Es importante recordar que la democracia deliberativa que propone Habermas es un modelo ideal. Pues, cabe plantearse la siguiente pregunta: ¿este concepto puede tener aplicación real en las sociedades actuales llenas de complejidades y diferencias?

El principio democrático elaborado por el filósofo alemán tiene como propósito ofrecer una legitimación en el procedimiento de elaboración de normas jurídicas. La idea de democracia tiene que ver principalmente con lo social y no solo con lo político, jurídico o económico.

La democracia no es el simple derecho al voto entre los candidatos, es la libre discusión de los asuntos públicos en forma racional por parte de una comunidad: es el conjunto de procedimientos que vinculan los grupos en la sociedad.

Bibliografía

Cancino Gómez, Rodolfo, Política deliberativa: un concepto procedimental de democracia, en Revista de derecho, Universidad Nacional Autónoma de México, num.251, pp.165-175, 2009.

Cohen, Joshua, “Procedure and Substance in Deliberative Democracy”, en Christiano, Thomas, Ed., Philosophy and Democracy, An Anthology, Oxford University Press, 2003.

Durango Álvarez, Gerardo, El concepto de los derechos fundamentales en la teoría habermasiana: de la acción comunicativa a facticidad y validez, en Revista de derecho, Universidad del Norte, num.33, pp. 247-276, 2010.

Habermas, Jurgen, La inclusión del otro. Estudios de toería política. Paidós, Barcelona, 1999.

Habermas, Jurgen, Facticidad y Validez. Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso. Trotta, Madrid, 1998.

Habermas, Jurgen, Problemas de legitimación en el capitalismo tardío, Buenos Aires, Edit. Amorrortu, 1975.

Jefferson Jaramillo Marín, El espacio de lo político en Habermas. Colombia
Jurídicas, ed:Centro Editorial Universidad De Caldas
v.7 fasc.1 pp.55 – 73 , 2010.

Reigadas, María Cristina, La democracia deliberativa habermasiana. Universidad de Buenos Aires.

Rawls, John, Teoría de la Justicia, México, FCE, 1979.


[1]              Jurgen Habermas Facticidad y Validez. Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso. Madrid, Trotta, 1998, pag.364.

[2]              Habermas, J., Op. Cit., pag.381.

[3]              Habermas, J., Op. Cit., pag. 384.

Matteo Forciniti Universidad de la República (Uruguay), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

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