La propina de la suerte

Pubblicato: 26 ottobre 2012 in Español, Uruguay
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Recorrido por dos casinos de Montevideo

Un ruido casi ensordecedor atraviersa la grande sala donde están colgadas diferentes slot machine. Entre las voces fuertes y sonidos de monedas hay luces intensas. A las 20 horas del domingo 14 de octubre, el casino de Montevideo Shopping explota -literalmente- de gente.

Sin embargo, la clientela que sale de la puerta luminosa y multicolorida es muy diferente de la que, a unos metros de aquí, sale en compañía de bolsas. Porque adentro de ese pequeño reino de reglas únicas, el consumismo dominante es eléctrico, emotivo, arriesgado. Y a veces maldito.

Todos los billetes de papel que conoce el peso uruguayo, entran y salen de las maquinitas que llenan la sala. El dinero circúla invisible entre los apostadores testarudos que a veces sonríen, y otras veces insultan.

<<No juego muchas veces pero hoy entré por que estábamos esperendo a unos amigos para ir al teatro. Me daba un deseo irresistible jugar>> cuenta Alejandra, abogada de 35 años. En 1O minutos ella y su novio Enrique gastan alrededor de $600 sin haber obtenido nada a cambio: <<yo no tengo suerte>> confiesa, en el tentativo de frenar el impulso apuestador de su enamorada.

El aporte de $600 de Enrique, es solo una pequeña parte de los 561 millones de dólares que se mueven, según cifras oficiales, cada año en los casinos.

La maquina que está al lado de la pareja, recibe $1000 en un instante. La mano que inserta el billete es de una mujer mucho más grande que Alejandra: en la mirada de esta jugadora se le nota toda la preocupación del valor que tiene el billete verde. Sin embargo, no es raro aquí ver desaparecer en un segundo tanta plata.

Entre los 15.000 jugadores por día que calcúla la Dirección General, las más persistentes y en clara mayoría, son las mujeres ancianas. Algunas de ellas se precipitan hacia una máquina que permite el uso de las manos sobre la pantalla para jugar. Es una especie de mega touchscreen para la tercera edad y la escena parece ser más un centro de salud lleno de enfermas que no un juego promovido por el Estado.

Sí, por que en Uruguay el Estado controla, en un sistema mixto juntos a privados, los casinos a través de La Dirección General de Casinos: único ente autorizado a operar. La Intendencia Municipal de Montevideo es responsable solamente sobre el Hotel Casino Carrasco y Casino Parque Hotel. En cambio, el Conrad de Punta del Este, (casino más productivo del país ), es un caso excepciónal donde opera exclusivamente una empresa privada.

En realidad el negocio de los juegos de azar no está del todo regulado bajo el orden de la legalidad.

La Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados estimó el año pasado que existen alrededor de 20 mil tragamonedas ilegales. La cantidad de dinero que mueven anualmente está entre 100 millones de dólares (cifra del gobierno) y 200 o 250 millones (según privados, consultados por el trabajo Los dueños del juego).

El juego de azar es una de las diferentes modalidades de lavado de dinero en Uruguay, así como en muchos otros países del mundo, de acuerdo a esto y a muchos otros reportes.

En una reciente investigación periodistica (Los dueños del juego, de Pablo Alfano y Fabián Werner) se calcúla que tres de cada cien uruguayos sufren algun tipo de problema relacionado con los juegos de azar.

Según el psiquiatra Oscar Coll, director del Centro de Atención a Ludópatas en el Hospital de Clínicas, la motivación de todo esto es debido al bombardeo publicitario que incita a apostar y a la falta de políticas de juego responsable. En los datos de Coll, el 60% de los ludópatas son mujeres.

A las 21 horas del miercoles 24 de octubre la sala del primer piso aloja alrededor de 70 personas. Entre la comida y los vasos de wisky, las risas dominan el ambiente. A la clientela del casino en Av. 18 de Julio 1299 se le ofrece también un espectáculo cómico en vivo.

El primer piso es una sala Vip, donde se puede pasar desde las ruletas hasta el bar.El bar es el único sitio donde se puede notar una pequeña diferencia de clase, que es practicamente ausente en todas las otras salas donde se apuesta.

Un grupo de mujeres brasileñas cuentan los pesos que disponen para poder jugar probando a convertir el todo en reales para tratar de entender algo en un lugar donde hay pocas cosas que se puedan entender. En su país, en Brasil, está prohibido el juego de azar, así que muchos de ellos vienen a Uruguay para probar el escalofrío de la apuesta en una de las 5.113 slots mágicas (según la DGC).

En la ruleta del cilindro 2 un chico morocho juega en un minuto $300, cada billete de cien es puesto con seguridad y certeza. Es el desafío que está adentro de sus ojos lo que lo mueve: <<ahora sale el 27>>.

La probabilidad que salga su número está calculada entre el 2,631% y el 2,701%. En efecto lo que el destino elije es el numero 36, distante de dos respecto al 27. <<Te dije yo!>> dice él, aún más convencido: estaría en el podio si eso fuera un juego de mérito.

El casino de 18 de Julio tiene una particularidad que está casi escondida. En muchas máquinas quedan tickets con los que a la caja se convierten en dinero. Los tickets “olvidados” son de muy pequeñas cantidades, todos de un valor entre 10 y 20 centécismos de peso. El total que queda a las 22 horas de la noche llega a más de $50.

Frente a la entrada del casino, hay una chica que pide monedas por el servicio de abrir la puerta del taxi a los que deciden volver a casa. La propina olvidada y prohíbida que se encuentra dentro de la sala, podría ser su mejor premio de la jornada.

Matteo Forciniti

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