El berlusconismo como problema cultural

Pubblicato: 4 luglio 2012 in Cultura, Español, Italia
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¡Cayó Berlusconi, por fin! Pasada la borrachera es el momento de cuestionar seriamente algunas consideraciones útiles por la comprensión de aquel extraño fenómeno llamado berlusconismo (probablemente seguido al peronismo en cuanto a incomprensión).

En vez de celebrar por la caída deberíamos proponernos una pregunta: ¿cómo ha sido posible todo eso? Silvio Berlusconi gobernó este país desde el 1994; ¿diecisiete años no son un poquito demasiado para que se pueda hablar de normal “error” del pueblo italiano al momento de votar?

En estos largos diecisiete años los italianos elijieron democráticamente como representante el simpático Silvio no en una ocasión, sino tres veces. En parte gracias al control de casi la totalidad de los medios televisivos (y ésta es otra anomalía de la democracia italiana) fueron contadas repetidamente mentiras, a veces descaradas, que plagiaron la mente de los telespectadores. Pero no sólo gracias a este fenòmeno; en estas dos décadas la centroizquierda venció dos veces pero no hizo nada para borrar las leyes avergonzadas y regular la situación del conflicto de intereses. Señal de que también fue grave la responsabilidad política.

Solamente pocos intelectuales y artistas evidenciaron un concepto de fundamental importancia: el problema cultural. Giorgio Gaber, histórico cantautor, usó las siguientes palabras: <<No me preocupa el Berlusconi en si, me preocupa el Berlusconi en mí>>.

Para entender a Berlusconi quizás habría que analizar alguas características de la cultura italiana. En el curso de los años en una buena parte de la oposición italiana se ha desarrollado un extraño pensamiento que veía en Silvio Berlusconi la encarnación absoluta del mal de un entero país. ¿Realmente puede un sólo hombre ser el único responsable de un deterioro cultural y moral que está viviendo un país de sesenta millones de habitantes? La imagen berlusconiana de hombre de éxito y rico empresario ha “entrado” plenamente en una parte de la cultura del país. Sin embargo no se puede olvidar que el imperio económico berlusconiano predominantemente fue construido de manera ilegal. El mensaje es simple: no todos son capaces de engañar por esto quien lo logra, y lo logra bien, es digno de estimación. Una parte de la población italiana adora a Berlusconi por el éxito, el dinero, el poder y sobre todo las mujeres.

Todo esto debe tener en consideración una cierta cultura italiana que hace del desprecio de las reglas, de la ilegalidad y de la ausencia de ética, del racismo y del machismo, sus puntos firmes. Hace de la corrupción su principal método de estrategia (Italia es el país más corrupto del mundo occidental después de Grecia).

El berlusconismo es muy fuerte porque encontró un terreno fértil en la sociedad italiana. Según muchos analistas el pico del berlusconismo era alcanzada en las cumbres internacionales, con un presidente que pasaba el tiempo contando chistes. Este según muchos no era motivo de vergüenza, pero al revés de orgullo: ¿Son gente alegre los italianos, dónde está el problema?

También la dictadura fascista de Benito Mussolini gozaba de un apoyo importante en una parte de la sociedad italiana, reaccionaria y conservadora y todavía hoy hay quien celebra al Duce por haber construido las carreteras o por las condiciones de “seguridad” en que se vivía.

Probablemente un Berlusconi sólo puede nacer en Italia o en un país dónde es fuerte la cultura italiana (Argentina, por ejemplo); muy difícil sería verlo en Alemania o en Inglaterra, países en cuyo ministro se dimite por “pequeñeces” como no haber pagado las contribuciones a la niñera, (en el último gobierno en Italia hubo un ministro bajo proceso por colusión con la mafia). Pequeñas diferencias.

En términos numéricos, naturalmente, esta parte “enferma” (o por lo menos “alternativa”) de la cultura italiana corresponde a muchos menos de la mitad de la población total. Pero aveces puede convertirse en mayoría en las elecciones políticas (no votan todos los que tienen derecho).

En el curso de los siglos las varias culturas itálicas demostraron innumerables dotes de ingenio, creación y talento que quedan indelebles en la historia de la humanidad y no es necesario enumerar todo. La vergüenza del berlusconismo sólo quedará como una pequeña mancha en la historia.

Otro factor de analizar es la polarización de la sociedad y el confrontamiento político que creció enormemente en estos años. La idea de fondo ha sido ésta: Berlusconi es el enemigo y para golpearlo es necesario cualquier cosa. Si analizamos el lenguaje de algunos órganos de información de oposición entendemos bien todo esto. Durante los escándalos de las prostitutas y las fiestas privadas del presidente algunos periódicos llegaban a dar hasta diez páginas a los relatos. Diez páginas. Relatos que a veces se transformaban en pura crónica rosa: ¿es realmente noticia aquélla que Berlusconi tuvo en una noche sexo 8 veces? El lenguaje se puso perverso. ¿Es más grave ir con prostitutas o frecuentar mafiosos, construir un imperio ilegal sin nunca aclarar la procedencia del dinero? ¿Además no habían temáticas más importantes de analizar como en primeramente la crisis económica?

Esto se puede entender debido al fuerte rol de dos instituciones muy queridas históricamente en la sociedad italiana: el catolicismo y la familia. Pues es más grave culturalmente la infedilidad conyugal que la evasión de impuestos u otros comportamentos fuera de la ley.

Sin embargo el aspecto más absurdo de este insólito fenómeno llamado berlusconismo es su caída. Fiesta de liberación nacional, éste fue la primera y predominante reacción en la sociedad italiana. ¿Pero como cayó el Presidente? ¿Por la movilización civil, el pueblo cansado que interviene y a través de la lucha reclama el cambio? No, no fue así. El gobierno cayó porque organismos externos sin ninguna legitimidad popular han decidido que cayera: los mercados, el Banco Central Europeo. Pocos días antes de la caída una carta del BCE impuso una determinada política económica al gobierno italiano para enfrentar la crisis. Esto en el lenguaje político no se tendría que llamar “cambio de gobierno” u otros términos usados por los periódicos. Tendría que llamarse en cambio “Golpe de estado” a que si debería añadir la palabra financiera (el caso griego es aún más evidente). ¿Qué papel tuvo el pueblo en la caída de este soberano? Prácticamente a la par de cero. Quizás la cosa más triste y dramática es que este mismo pueblo aceptó y reivendicó el golpe por miedo de la crisis económica que la alternativa sería la quiebra del país.

Berlusconi fue el peor Presidente del Consejo desde el posguerra, mejor que él, queda bien cualquier cosa: ¿pero es verdadaderamente justo? El nuevo Presidente del Consejo encargado por el Presidente de la República a formar un nuevo gobierno se llama a Mario Monti, rector de universidad privada y muy estimado en Europa por la defensa a ultranza de las políticas neoliberales. Quizás el gobierno técnico apenas formado será más libre de actuar las peores políticas económicas como respuesta a la crisis porque no tiene que dar respuestas a ningún cuerpo electoral: privatizaciones de los servicios públicos, recorte al gasto social, castigo a la clase media y a los trabajadores, etcétera. Todas las políticas ya conocidas que en el curso de los años promovieron organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y que todo hicieron excepto llevar beneficio al pueblo.

El berlusconismo a nivel político es muy probable que sea el ocaso, aunque todavía es demasiado pronto para decirlo. Lo que en cambio alguno es cierto, es que no acabará el berlusconismo en la sociedad italiana, con aquellas mismas ideas y modos de actuar compartidas de un hombre y de una parte del pueblo. Corrupción, disegualdad, gerontocracia, clientelismo, ausencia de ética y legalidad, indiferencia por las decisiones políticas, bajo sentido del Estado, lacayismo y vulgaridad estuvieron presentes en la sociedad antes del 1994 y muy difícilmente desaparecerán con un nuevo gobierno. Sólo que a veces hay períodos en la historia en que estos valores crecen vertiginosamente y en política se reflejan en degeneraciones. Porque lo que quizás muchos olvidan, es que cada país tiene la clase política que se merece: esto no hace otra cosa que reflejar como los usos y las costumbres de un pueblo se ven en todos los demás ámbitos de la sociedad.

Es útil recordar una anécdota sobre la caída del Duce Benito Mussolini: fusilado y con el cadáver expuesto en la plaza de Milán sólo dos semanas antes de que llenara entre los aplausos un teatro ciudadano. Testimonio de un fenómeno italianisimo que es todo, menos coherente. La página de la caída del último soberano todavía no se escribió, por el momento sólo parece un chiste en que se toma el pelo al pueblo. Único auténtico derrotado de esta historia.

Semanario Voces (Uruguay) 8/12/2011 

commenti
  1. […] 24 y 25 de febrero Italia elegirá nuevo gobierno en medio de una gravísima crisis económica. El berlusconismo está en caída, aunque renuncia a las caras más polémicas para tratar de legitimarse. Al mismo […]

  2. […] en un año de su gobierno confirmó esencialmente los muchos recortes iniciados por el Ejecutivo de Silvio Berlusconi. ¿Cómo piensa que las cosas puedan cambiar a la luz de lo visto en la experiencia […]

  3. […] motivaciones no están solo en el último gobierno técnico, sino que vienen de antes. 20 años de berlusconismo casi hicieron quebrar a Italia y la desatención para nuestras comunidades fue algo compartido por […]

  4. […] y Letta (“Tolerancia zero”), ¿sin embargo, que hubiera dicho el dt de la Selección y el primer ministro frente a la tragedia deportiva del 10 de noviembre o después de los enfrentamientos violentos del […]

  5. […] que está atravesando el país hoy es cultural y moral como magistralmente demuestra ese director. Es la época donde se impuso el berlusconismo en la cabeza del pueblo gracias a las televisiones con…. Y donde lo cultural fue relegado en segundo […]

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